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I'm Starving, shalalá. • Dane.

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I'm Starving, shalalá. • Dane.

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 04, 2012 2:20 pm

Miércoles | 6:45 am | Frío y nevando • • •


Se acomodó la chaqueta, cerrándose hasta el cuello la cremallera mientras soplaba suavemente sobre las manos descubiertas. Tenía los dedos entumecidos, la yema de sus dedos había adquirido un tono violáceo que evidenciaba la falta de circulación y sus mejillas tenían un ligero toque carmín a causa del viento frío. Frotó sus palmas para luego acomodar detrás de su oreja uno de los mechones que se habían salido debajo de su capucha y volvió a acomodárselo. Estaban en Invierno, una encantadora época donde las copas de los árboles solían mostrar el color blancuzco de la nieve y las calles estaban casi en su totalidad repletas de ello. Gracias al cielo, Vrie podía caminar sin ningún problema hacia la cafetería, debido a que tenía las botas montañeras perfectamente calzadas y aferraba con fuerza una de sus chaquetas que la protegían del gélido viento. Aún no había empezado ni una sola clase, en realidad, no se le apetecía en lo mínimo irse a parar al laboratorio, abriendo algún cadáver mientras se congelaba a causa del aire acondicionado.

Entró al edificio, sacudiéndose la punta de las botas y echándose para atrás la capucha cuando la calidez de la cafetería le reconfortó. El aroma a pan recién hecho y alimentos frescos le inundó las fosas nasales y Vrie suspiró de felicidad, dirigiéndose hacia donde se encontraba una de las camareras. —Regáleme un café bien cargado, por favor. —Pidió amablemente, sonriéndole, esperando que la joven le sirviese la bebida caliente en la taza. Sonrió al entregarle la taza, volviéndose hacia la puerta con el humeante pocillo en las manos, bajó la cabeza, soplándolo y luego le dio un suave trago. La calidez del café le recorrió el cuerpo, estableciendo una sensación grandiosa en sus extremidades y eliminando parte del frío que las entumecía.

Después de ello, se acordó tardíamente que debía pagar la cuenta. Se giró hacia la mujer, que la veía expectante, esperando el momento en que ella le diese el dinero que faltaba. Metió una mano en su bolsillo izquierdo, tanteando a ver si tenía la billetera allí, pero estaba vacío. Se pasó el café para su otra mano y tanteó el otro, vacío. Había dejado su billetera en el cuarto. Horrorizada, miró a la mujer que ahora le fruncía el ceño. —Oh, yo… he dejado mi billetera. —Murmuró apenada, un suave tono rojizo le cubrió las mejillas. — ¡Disculpe! ¿Podría pagarle después? —Preguntó a la empleada, haciendo una dulce mueca con los labios y una mirada de cachorro abandonado. Sin embargo, no le sirvió de nada, la mujer negó con la cabeza, cruzándose de brazos y un gesto despectivo cruzó su cara. —Vamos, sólo está vez… Es un café, ¡yo le pago más tarde! —Volvió a pedir, sin embargo, la mujer se mantenía impertérrita. Mala suerte, a pesar de tener todo el dinero del mundo gracias a sus padres, ese día se había levantado con el pie izquierdo y ahora tendría que rogarle a la mujer que le dejara pasar. O quedarse allí parada.


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